sábado, 6 de marzo de 2010

Desvirtualizando un taller online.

En el CEAD de Santa Cruz de Tenerife Mercedes Pinto  estamos con fiebre. Hay dos proyectos, dos grupos de trabajo, una solicitud de proyecto europeo y a la vez se siguen cursos online en los que aparezca los términos "aula virtual" "tutoría" y  "moodle". Somos unos treinta profesores, así que es fácil calcular la sobrecarga de actividad que esta dinámica supone. Porque, naturalmente, damos clase a varios grupos de entre 20 y 200 alumnos, distribuidos por todas las islas de la provincia, de Secundaria, Bachillerato, Ciclos de Formación Profesional, acceso a la Universidad, etc.
(Ayer me contaba un compañero los cursos que tenía previsto hacer durante este trimestre y me quedé sin palabras: JClic, Webquest, Informática Básica, Edición en moodle y otro más que no recuerdo ahora....)
El caso es que uno de los grupos de trabajo del centro ha organizado las sesiones formativas correspondientes. Me ha tocado hacerme cargo de una de ellas y como los veo saturados de herramientas informáticas, después de cavilar mucho me decidí por prepararles un breve Taller de Tutoría en Moodle. Preparé una webquest para describir en detalle la propuesta de trabajo, elaboré cuatro Casos de Estudio, organicé los correspondientes grupos y en eso nos entretuvimos la tarde del viernes.
La idea de la que partíamos era resolver en grupo cómo intervenir para solucionar los problemas que se detectan en los cursos online que se describían en los casos prácticos. Éstos llevaban información sobre su contexto, unas observaciones sobre lo que no estaba funcionando, y unos mensajes de los alumnos pidiendo ayuda, quejándose, preguntando con distinto tono, como en este ejemplo.

En realidad lo que hice fue llevar a formato presencial algo que suelo hacer en formato online. Y las diferencias saltan a la vista.
  • En el formato presencial sólo disponíamos de cuatro horas, con pausa para el café, estábamos todos en la misma aula informática,y el trabajo en grupo se hacía cara a cara. Al acabar, sólo uno de los cuatro grupos había puesto por escrito en la plataforma las conclusiones de su trabajo. El resto de los grupos tenía sus conclusiones hechas en papel y de haber sido necesario las habrían pasado al wiki del curso  con un poco más de tiempo. Así, cuando llegó la hora las conclusiones se presentaron de manera oral. La calidad de las propuesta fue notable, en parte porque se trataba de casos de frustración que todos hemos vivido alguna vez como docentes o como alumnos. Sin embargo, al ser el final de la jornada seguramente estas palabras volaron fácilmente lejos de nuestras mentes.
  • En el formato online el arranque de este tipo de actividad suele costar cierto esfuerzo. Para empezar lleva tiempo organizar los grupos y es tarea ineludible que se asignen roles: el moderador, el redactor, el encargado de la búsqueda de información... Como los alumnos no se ven y generalmente no se conocen, e incluso están dispersos geográficamente, es necesario prever un par de días hasta que todo el grupo sabe qué tiene que hacer cada cual y cómo se trabaja.
Como en los cursos online todo se hace a través de la plataforma, el tutor puede hacer el seguimiento constante tanto del grado de participación como de su calidad. En el aula presencial ese seguimiento es casi imposible. El profesor va rotando por las mesas atendiendo a las dificultades que surgen y planteando algunas cuestiones que puedan reorientar el análisis, pero no puede detectar qué tipo de contribución hace cada cual al grupo.
Por otra parte, en el cuso virtual el uso de herramientas asincrónicas hace que se vaya escribiendo cada aportación lo que por otra parte facilita la redacción de la conclusión del grupo. Generalmente el redactor pasa al wiki las aportaciones fundamentales y les da coherencia. Esa primera versión se revisa por los demás miembros y al final se entrega un trabajo generalmente de gran calidad, que permanece para que lo consulten los miembros de otros grupos.
A la hora de valorar el trabajo de los alumnos el tutor online tiene muchos más datos. Mientras que en la exposición oral presencial a menudo se queda uno con la impresión de que quien expone es el que más sabe o el que más ha trabajado, en el curso online es fácil rastrear en qué ha contribuido cada cual y si ha desempeñado bien la función que se le ha encomendado.
También en el caso de la formación online el tutor puede acompañar de manera más eficaz el proceso de debate del grupo, intervenir si hay falta de participación, proporcionar los recursos necesarios, orientar el trabajo durante su proceso... En el trabajo de los grupos presenciales suele ser más complicado para el profesor intervenir a lo largo del proceso.

Por último, no es comparable el nivel de acceso a otras fuentes de información. En el taller del viernes no hubo tiempo para consultar la documentación que se había aportado en el aula virtual. Y es lógico, puesto que lo que nos proponíamos era un punto de partida para la reflexión sobre cómo intervenir ante las dificultades de un curso online. Los grupos online, si hay una buena intervención por parte del tutor, suelen repartirse la lectura de la documentación proporcionada y aportar otras fuentes que enriquecen el contenido del curso.

Como se ve, el desarrollo de un curso online no acelera los procesos: no se aprende más en menos tiempo, en contra de lo que muchos piensan. Tiene unos ritmos diferentes y unos procesos propios. La negociación inicial que supone asignar roles en una sesión presencial suele resolverse con cierta rapidez,  mientras que en el aula virtual suele ser más lenta pero también más reveladora de las circunstancias, intereses y dificultades de cada participante. De esta manera, lo que en principio puede parecer un contratiempo se muestra como una ventaja a la hora de conocer el perfil concreto de cada alumno, si el tutor permanece atento a estas situaciones. Y para el alumno que se forma como tutor online es imprescindible aprender a negociar en una comunidad virtual.

El taller presencial del vienes fue sólo un comienzo. Lo ideal habría sido extender a la semana siguiente en trabajo online  que consistirían en lo siguiente:
  • Publicar la  propuesta de intervención de cada grupo, 
  • Realizar entre todos un debate virtual sobre cada caso concreto,  
  • Coevaluar las propuestas a través de una planilla de evaluación sencilla. 
  • Y por último como trabajo individual pedir que cada participante redactara la respuesta a los mensajes de los alumnos incluidos en los Casos de Estudio.

Y es que en general creo que los profesores estamos dispuestos a analizar los errores de diseño de curso, de metodología, de actividades propuestas.... pero a veces nos olvidamos que primero  hay que atender al alumno que recurre a nosotros piendiendo ayuda - aunque proteste-. Quizá debemos tener más en cuenta la soledad del alumno a distancia. Y como creo que este es un tema interesante, ya estoy pensando en un próximo artículo.

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